La Mojigata 2008: Una especie en extinción  
 
 
 
BREVE RESEÑA HISTÓRICA
 
     

Este accidente cultural asomó su cabeza en el año 1999 de nuestro señor. En aquellos tiempos el Río de la Plata hervía de sectas que dedicaban todo su tiempo a transmitir su doctrina artística.

A pesar de sus esfuezos los discípulos más benjamines, no terminaban de asimilar la idea básica que el mestre proponía. Fueron años difíciles que llegan a nuestros días.

Los primeros pasos los dieron en los pasillos del auditorio “Don Bosco” y los segundos en la bañadera de Hugolopulus.

Luego emprenderían su primer viaje a otra de las más importantes contiendas artísticas que se realizaban en el imperio. Esa metropoli que es Salto. Páramo obligado de circos con monos boxeadores y prostitutas barbudas que marcaron a fuego a quienes pudieron observarl@s. Todavía arde.

A pesar de salir airosos de ese “bautismo en tierras extranjeras” el grupo se resintió, por lo cual muchos abandonaron la secta, y muchos otros querían formar parte de ella.

Así transcurrieron las peregrinaciones por los centros de estudios de las ciudades periféricas que se encontraban en franco discenso con el poder supremo, y el centralismo.

El año 2001 es la fecha clave para este séquito de Momo (maomeno). Deciden prostituirse, y por ende ingresar a las bacanales del populacho. A pesar de que en los dos primeros años fueron bienvenidos, no hay mal que dure cien años y no hay bien que dure tres. Si no preguntenle a La Catalina (luchadores coetáneos heridos por la espalda en la 3ra. cruzada). Pero volvamos a lo nuestro. En el año 2003 aquellos benjamines de los que veníamos hablando empezaron a ver algún que otro dracma. Pero como se sabe que la guita corrompe al ser humano, se sucedieron terribles existenciales dracmas.

Al año siguiente la vida les deparó un extraño encuentro con los druidas del Bosque del Faro poseedores de la pócima de la juventud, pero se cayeron todos adentro de la marmita en medio de una orgía de rutina y quedaron transformados en niños. Los distintos poblados disfrutaron de su sinceridad e inocencia (perversamente aparente), pero todo concluye al fin, todo tiene un final.

Los siguientes dos años sufrieron nuevamente las tempestades del río ancho, y encontraron indiferencia y suspicacia donde fueran. Y ese fue su alimento.

Acostumbrada nuestra secta (si! nuestra) a caerse y levantarse cual gimnasia matinal. En una más que sabia decisión (se sábia) concluyeron que era tiempo de un retiro espiritual masivo (ma’ si bo) pero hoy están aquí. Estamos.

La historia nos absolverá, o nos absorverá. De usted depende,

Maomeno
1999-2008

 
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