La Mojigata 2008: Una especie en extinción  
 
 

1º de febrero de 2008

BRECHA

El concurso va
Una Mojigata diferente… ¡y popular!
Que se retirara con aplausos unánimes y sin dejar una estela de polémica tras su paso, habla a las claras de los cambios en la estrategia comunicativa de “la más rebelde de las murgas rebeldes”. Renovada y divertidísima volvió La Mojigata a un Teatro de Verano que recibió a sus fieles con hospitalario y carnavalero afecto. Como buen “templo de Momo” que se precia.

Guillermo Reimann

El reencuentro de diferentes actores, protagonistas y habitués del Teatro de Verano en el comienzo de cada concurso oficial tiene mucho de cine de comedia costumbrista de los años cincuenta, preferentemente italiana. Los porteros adoptan posturas amables y bien dispuestas; los periodistas radiales parecen querer comerse la cancha; las autoridades de la organización saludan mientras van y vienen en la atención de mil detalles; los abonados se reencuentran, conversan entre sí y ocupan los mismos lugares donde se sientan desde siempre. Y así los vendedores, los técnicos, los utileros, los jurados, los camarógrafos, los ediles carnavaleros, los desocupados de Momo, los charlatanes de siempre. A medida que el teatro va tomando vida parece recrear la misma película, año a año. También el tiempo maquilla los rostros de todos, cada Carnaval.

Primer día de concurso quiere decir inconvenientes y carnavalera tolerancia porque, claro, esto recién empieza y hay que reservar energías para la cincuentena de noches sin tregua que han de venir. Los cables, el sonido de las radios, cuestiones técnicas; el telón, nuevo, que se abre pero cuesta cerrarlo luego del primer conjunto; el reloj en lo alto del escenario no marca el tiempo de la segunda actuación pero sí comienza a desplegar imágenes la pantalla gigante. Detalles pequeños, de todos los años. El teatro luce un gratísimo colorido y nuevos murales con motivos carnavaleros (obviamente) delimitan las tribunas. El proceso de remodelación presenta mejoras y comodidades varias (incluidos los baños del fondo). El portero del Teatro de Verano parece sacar pecho, orgulloso.

Sonrisas, abrazos, reencuentros, deseos de feliz Carnaval. La “familia del teatro” dice alguien con cierta emoción.

“Alfredo Moreno” lleva por nombre esta edición del concurso, homenajeando al creador de la red de teatros barriales distribuidos en Montevideo, explica el animador desde el escenario. Abajo, los rumores y los pronósticos agoreros menudean desde el vamos. Una suerte de leyenda urbana empieza a tejerse en torno al jurado, la interpretación del reglamento, la falta de criterios comunes, su orfandad institucional y una serie de indicadores poco alentadores que irá en aumento cada jornada. El calendario es otra fuente de desconfianzas: con más conjuntos compitiendo en tres ruedas, con Semana de Turismo a mediados de marzo y con la inestabilidad climática reinante ¿el Carnaval terminará en tiempo y forma?

A primera hora La Lunática fue todo un presagio. La lluvia que ofició de hilo conductor de su repertorio se descargó con fuerza cuando se retiraba Serenata Africana y el presidente del jurado suspendió la etapa. La murga Todavía no se Sabe y parodistas Momosapiens, atrás del escenario, afeitados y sin visita.

AVANZADA MURGUERA. Debutantes, con buena nota en murga joven. Entusiasmo y juventud que La Lunática pone bajo el paraguas, a resguardo de una lluvia que salpica fresca y apacible mientras reflexiona sobre el valor de “las pequeñas cosas” aunque moja e incomoda con una absurda carta de Artigas que desatiende el paso. Canto prolijo, trajes pastel (que no se mojaron) y un perfil promisorio que puede cantar más bajo la lluvia.
Al día siguiente, en el otro extremo, murguistas veteranos reflotando un título centenario: Amantes al Engrudo, que seguramente seguirá irradiando desde la historia sin reparar demasiado en esta poco feliz reaparición. El deliberado formato de “una murga de antes” no calzó los puntos de la picardía y el ingenio de una murga de antes. Recién en su retirada parece aflorar fibra de antaño. Pero ya era tarde.

La expectativa y las palmas del primer envión murguero las acaparó el retorno de La Mojigata, la más rebelde entre las rebeldes. Volvió y la rompió, hay que decirlo. ¿Transó?... Es todo un tema, ¿no? Por lo pronto apeló a otros códigos para decir lo suyo: la risa fue unánime, incluyó la diversidad de una tribuna que la recibió de brazos abiertos, sin reproches, como a hijo pródigo. No separó aguas, como solía, las juntó. Cantó mucho y muy bien, un texto parejo y fértil y dos pasajes solistas desopilantes –la (nueva) embestida contra pedestales de la sociedad como el matrimonio, y “la falta de uruguayos que estamos teniendo los uruguayos”– mostrando la hilacha anarcoide de siempre. La irreverencia se desató en una retirada de “Carnaval de exportación” donde abordan todos los ritmos menos el de la murga. La gente aceptó y festejó el murguicidio. Una buena señal.
En fin, tropezando pero con el disfraz brillando a pleno, otra edición del muy uruguayo y, por qué no, mítico Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas del Uruguay está en marcha. Pasen señores, bienvenidos a la fiesta.

 
HISTORIA   FICHA TÉCNICA   GALERÍA   VIDEOS   INVIERNO   LETRAS   LIBRO DE VISITAS   MERCA   LINKS   PRENSA   CONTACTO   LISTA DE CORREO   WEBMASTER